Soy Sirlene Queiroz
Acompaño en el ámbito personal y profesional a personas que desean potenciar el mensaje que transmite su imagen y las posibilidades que tiene su armario. Mi método, basado en el seguimiento personalizado, aporta valor porque provee de herramientas y conocimientos para construir tu imagen deseada.
Especialización
Pienso que en el estilo personal no hay una receta universal y mi trabajo parte del reconocimiento de la diversidad estética.
Por motivación propia y movida por mis clientes, me he formado y especializado en:
• Análisis facial Facetelling® Persoona®
• Bellezas negras
• Género e imagen
• Moda plus size
• Oncoimagen
• Coloración personal
• Colores y formas para cabello y maquillaje
• Atención de asesorías grupales
• Moda masculina
“Muchas personas se resisten a contratar una asesoría de imagen cuyo resultado final sea el de ser encasilladas dentro de unos patrones de estilo preestablecidos (elegantes, clásicos…), vistos como ‘adecuados’”. Para mi, el concepto de ‘adecuado’ ha de ser definido por mi cliente. Mi papel, lejos de encasillar, es el de facilitar el proceso de autoconocimiento, como conocedora de las herramientas propias de la asesoría de imagen.
Metodología
Mi metodología es fruto de la formación recibida en la Escola de moda Cá Cavalcante, Studio Immagine, Enmoda, Fashion School, Ecole Supérieure de Relooking de Brasil y Persoona School. Instituciones que desde hace años apuestan por una formación de vanguardia en corrientes que rompen patrones de asesoría de imagen ya superados, promoviendo la diversidad estética y el respeto a la individualidad.
Para poner en marcha mi proyecto, fui seleccionada para un programa de formación de iniciativas emprendedoras en España, el X Semillero de Ideas de Zaragoza Activa. Desde entonces, formo parte de La Colaboradora y he impartido varias formaciones sobre imagen profesional para emprendedores/as.
Por qué me dedico a la asesoría de imagen
Desde niña he tenido mi autoimagen devastada porque me veía cómo la “patita fea”, por ser distinta a mis hermanas y hermanos. Para mí, ser distinta era ser fea. Esta narrativa de ser fea por ser distinta me ha acompañado por toda la vida.
Viví muchos años con el síndrome de la “patita fea” en el lago de la fealdad, con la angustia y el sentimiento constante de que mi aspecto físico era inadecuado. Mi apariencia me generaba inseguridad y por mucho que compraba ropa, no se arreglaba.
A los 50 años, después de formarme en asesoría de imagen, descubrí que en realidad era un “cisne”. Esta revelación me regaló varias verdades. Tener una buena imagen no es solo cuestión de apariencia física, sino que también son muy importantes las formas y los modales, el lenguaje verbal y no verbal, tus saberes, las cosas que se te dan bien… Y lo más importante, existe una diversidad estética.
En mi formación inicial, la Filosofía, descubrí que el “yo” se construye a través de la mirada del otro. Es por ello por lo que justo las personas que amamos (nunca por maldad) y el entorno en el que crecemos, influyen en la construcción de creencias que a veces, nos hacen daño. Fue por este descubrimiento y por la conexión con mi trayectoria vital, por lo que decidí estudiar asesoría de imagen. El tesoro que este conocimiento ha aportado a mi vida y a mi autoestima es tan grande, que decidí no quedármelo para mi sola y volcarlo en este proyecto y en un libro que estoy escribiendo.